
Las primeras horas de la huelga indefinida que desde esta medianoche llevan a cabo los vigilantes de seguridad del Aeropuerto de Barcelona se están desarrollando con normalidad. Desde las 00:00 horas de este viernes los cerca de 500 empleados de Trablisa secundan una huelga de 24 horas y con carácter indefinido, el segundo paro que vive el aeropuerto barcelonés en menos de dos semanas, después de la protesta que protagonizó a finales de julio el personal de tierra de Iberia.
La situación en El Prat es de normalidad, toda vez que la Delegación del Gobierno en Cataluña decretó unos servicios mínimos del 90%. El comité en todo caso, ya adelantó que difícilmente se podrán cumplir, ya que hay muchos trabajadores de baja o vacaciones. A media mañana se registran colas de algo menos de una hora en la Terminal 2, mientras en la 1 las aglomeraciones son las habituales en estas fechas. La situación, no obstante, podría complicarse a lo largo del día, teniendo en cuenta que El Prat está en plena temporada de verano y que sólo para este viernes hay programados un millar de vuelos.
Tanto AENA como las aerolíneas han recomendado a los viajeros que acudan con antelación al aeropuerto, dado que este conflicto laboral puede incrementar los tiempos de espera para pasar el control de seguridad. Así lo han hecho numerosos usuarios, que aunque tenían vuelos programados a primera hora de la mañana han decidido pasar la noche en las terminales del aeropuerto para evitar problemas en el embarque.
La plantilla de Trablisa, la empresa que desde 2018 se encarga de los controles de seguridad de El Prat, decidió ayer por amplia mayoría, con 175 votos a favor y solo dos en contra, ir a la huelga para exigir mejoras salariales y laborales, tras fracasar las reuniones de mediación entre empresa y sindicatos.
Hace dos años, en el verano de 2017, los trabajadores de los controles de seguridad de El Prat, entonces bajo la empresa Eulen, secundaron una huelga que provocó graves problemas en la operativa del aeropuerto y acabó con un laudo arbitral de obligado cumplimiento.
Fuente: Cinco Días