Duro Felguera, que está en situación complicada desde 2018, ganó 11 millones de euros el año pasado, frente a las pérdidas de 119,3 millones del ejercicio previo; facturó 397,6 millones de euros, lo que supone una caída del 5,6%. La firma destaca que su margen de ebitda se situó en el  5,1%, por encima del 0,9% previsto en su plan estratégico. El obejtivo era llegar al 5,8% en 2023. Su ebitda fue de 21 millones frente a los números rojos en este epígrafe de 124,4 millones de 2018.

La buena noticia es que mantiene fondos propios positivos y que asegura que está negociando en la actualidad la disposición de una línea de avales de 80 millones de euros, necesaria para cubrir las necesidades de negocio de los próximos ejercicios, y que espera se pueda concluir en las  llegar a un acuerdo en las «próximas fechas».

Duro Felguera asegura además que está en la «búsqueda de inversores industriales con vocación de permanencia para reforzar la posición patrimonial y de tesorería». La situación de la empresa es inviable en su situación actual. No tiene gasolina para acudir a nuevos proyectos, debido a que no cuenta con los avales de la banca.

Su tesorería neta era de 16,9 millones, que resulta de restar su caja de 119,9 millones de euros a su pasivo de 102,9 millones de euros, si bien la empresa detalla que 30,6 miles de euros están bloqueados por ser depósitos en efectivo realizados en sustitución de avales de proyectos.  Logró 47 millones de euros del laudo por el proyecto Roy Hill: se anotó 38 millones en 2018 y otros nueve en el primer semestre de 2019.

Los mayores acreedores de Duro Felguera, el denominado G5 formado por Santander, BBVA, Bankia, Sabadell y CaixaBank, discuten todavía el futuro del grupo de ingeniería. La empresa asturiana les solicita 80 millones en avales para que pueda seguir firmando proyectos. Una parte de las entidades es comprensiva con la compañía e insta a las demás a que se le vayan concediendo esos avales de manera progresiva. Los bancos, incluso, contemplan la refinanciación de los 85 millones de deuda que mantiene con ellos. Eso sí, al mismo tiempo, Duro Felguera debe ir dando pruebas fehacientes de que va cumpliendo con su plan de negocio.

Los problemas acuciantes para Duro Felguera llegaron en marzo del año pasado, cuando evaluó todos los proyectos y detectó negocios fallidos por 110 millones adicionales que anotó como provisiones en las cuentas de 2018 y que sumó a los 40 millones ya identificados. Eso, después de la quita por 233 millones y de que la empresa ampliara capital por 125 millones.

La cara B es que parte de la caja total está comprometida para acceder a nuevos contratos, ya que emplea liquidez en lugar de avales para optar a potenciales proyectos .En agosto, la aseguroradora Cesce, participada en un 50,25% por el Estado, se comprometió a blindar el 60% de los 80 millones en avales que pide la compañía a la banca para seguir adelante. La petición se ha reducido desde los 100 millones solicitados inicialmente. La empresa, con ese balón de oxígeno, podría liberar entre 20 y 30 millones de euros de liquidez que ahora mismo tiene bloqueada.

Fuente: Cinco Días