El presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, Sebastián Albella, ha dado este miércoles un tirón de orejas a las sociedades cotizadas tras manifestar su malestar por «los episodios sucedidos en los últimos meses», a los que no se refirió de forma específica. «Utilicen un lenguaje claro y sean leales con el mercado», les pidió, en el marco de la celebración de la séptima edición del Foro del Consejero, organizado por KPMG, la escuela de negocios IESE y EL PAÍS en colaboración con AON y Gobertia. «Las empresas, [en los hechos relevantes que comunican], cuentan lo que está pasando de un modo que induce a pensar que lo que pasa es algo distinto de lo que ocurre en realidad», abundó Albella. «No es necesario contarlo todo ni dar detalles, pero no nos gustan los lenguajes calculados, medidos para no incurrir en riesgos. El nuevo gobierno corporativo es clave para transmitir confianza en los inversores». Emplazó a las empresas a que esa claridad de lenguaje la utilicen tanto cuando se explican ante los inversores como cuando responden a los propios requerimientos de la Comisión.

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El responsable de la CNMV también habló del cada vez más importante papel del consejero, «que tiene mayor nivel de exigencia, no solo con los accionistas, sino con los empleados y la sociedad en general». Describió su mandato, iniciado en noviembre de 2016, como una etapa en la que «más que cambios, tocaba profundizar en las normas existentes. La estabilidad normativa es por sí misma un valor relevante». Y analizó las guías técnicas publicadas por el regulador «para extender al mayor número de sociedades cotizadas las mejores prácticas».  Dentro de ellas, apuntó a la mejora de la visibilidad de las comisiones de nombramientos y retribuciones y la necesidad de que éstas cuenten «con suficientes recursos y capacidad de análisis».

Albella animó a las empresas a utilizar expertos externos y definió cuáles serán las medidas que impulsarán para actualizar el Código de Buen Gobierno. Entre ellas, revisarán la recomendación sobre la conveniencia de que tanto la matriz como sus filiales  «definan públicamente sus relaciones para resolver conflictos de intereses». También impulsarán cambios que afectan al informe de Responsabilidad Social Corporativa: la ley obliga a publicar un informe de sostenibilidad a las cotizadas que superen un tamaño mínimo, por lo que «no tiene sentido publicar un informe de RSC».

Otro cambio se refiere al límite de dos anualidades de indemnización al consejero. «Se trata de dejar claro que el límite es aplicable a cualquier pago abonado al consejero con su baja, cese o dimisión, incluidas las indemnizaciones ,pero también las vinculadas a pactos de no competencia o a los sistemas de ahorro a largo plazo».

El presidente de la CNMV se mostró favorable a que se modifique la Ley de Sociedades de Capital «para que los consejeros sean siempre personas físicas. Los deberes de lealtad, diligencia, son propios de personas físicas» y no representantes designados por empresas. Del mismo modo, la CNMV se presentó como una insitución dispuesta a amparar a los  consejeros independientes en una protección que comparó con la que «el Consejo General del Poder Judicial otorga a los jueces que se ven atacados en su labor profesional».

Otra de las cuestiones que preocupa a las empresas cotizadas es la obligación de presentar información financiera cada tres meses. La directiva europea de transparencia suprimió en 2004 esa obligación, pero dejó a los Estados miembro la posibilidad de mantenerla. «En España la mantuvimos», recordó, pero ahora el país es el único, junto a Polonia y Rumanía, que mantiene esa obligación. «Nos gustaría que se mantuviese en toda Europa… pero no podemos ser el único país entre los cinco más importantes en la que sigue siendo obligatorio», reconoció.

Más transparencia y decisiones éticas

La jornada arrancó con las intervenciones de Hilario Albarracín, presidente de KPMG y Javier Monzón, presidente no ejecutivo de PRISA, grupo editor de EL PAÍS. El primero describió las claves del buen gobierno «para la toma de decisiones sostenibles, éticas. El consejo debe vigilar que la compañía avanza al mismo tiempo que la sociedad», ante la creciente complejidad de la realidad empresarial cada vez más volátil, «con riesgos que se propagan a gran velocidad y competencia intensa».

Por su parte, Javier Monzón apostó por favorecer la transparencia, «una prioridad para nuestro grupo», destacó. «Tenemos en la mesa la necesidad de repensar una empresa que sirva a un propósito. Debe atender a los accionistas, a los grupos de interés y en última instancia a la sociedad. Se ve obligada a revisar la forma en que se comunica con los grupos de interés», y eso engloba, dijo, «las estrategias, incentivos, esquemas de remuneración». Destacó que nunca ha sido tan importante como ahora «combinar el corto plazo con la mirada larga». Este marco, dijo, «demanda nuevos patrones de comportamiento y nuevas formas de gobernanza a la que deben dar respuesta los reguladores». Y animó a los empresarios a adoptar riesgos. «No hay proyecto empresarial de éxito si no es capaz de asumir riesgos. Ninguna empresa exitosa se habría desarrollado sin haber asumido riesgos». 

Fuente: El País