Don’t waste your words I don’t need anything from you,
I don’t care where you’ve been or what you plan to do.
The Stone Roses, I am The Resurrection

Dice un buen amigo que el punto de inflexión cultural que marca el fin de la modernidad y el inicio de la confusa era contemporánea es la publicación en 1989 del álbum homónimo de los Stone Roses, el primer disco del grupo y el último de la Historia. A partir de ahí estamos muertos, dice, flotando en una simulación poblada de pastiches e indiferencia.

Coincidiendo con el desfile triunfante de la revolución neoliberal, Occidente declaraba el fin de esa Historia que tantos problemas nos había dado, para expulsarla, de momento, fuera de nuestras fronteras.

Para rellenar el enorme hueco de significados dejado tras la victoria, tan solo hacía falta diseñar una nueva cultura, una nueva narrativa que nos protegiera para siempre de la inestable, incómoda y subversiva dialéctica de la Historia, de la inestable, incómoda y subversiva idea de Futuro.

Slavoj Zizek en el Circulo de Bellas Artes de Madrid el 7 de mayo de 2018

VUCA

La ideología predominante actual no es una visión positiva de algún futuro utópico, sino una cínica resignación, una aceptación de cómo es “el mundo en realidad” .
Slavoj Žižek

Treinta años más tarde de que Ian Brown clamara I am The Resurrection entramos en el 2020, un año que parece escrito con la tipografía neón, estridente y futurista de un poster pop de los 80.

Y efectivamente, ya no hay grandes historias en este Imperio estático de Occidente, con el fin de década el cuadrante de Gartner parece enredarse sobre si mismo formando loops que no llevan a ninguna parte, corremos para quedarnos donde estábamos, aceleramos sobre nosotros mismos, llenos del ruido histérico de lo nuevo y vacíos de sentidos y desplazamientos.

Mientras tanto, el consenso lleva otros 30 años insistiendo en que las características que definen nuestra realidad se reducen a un acrónimo, “VUCA” (volatile, uncertain, complex and ambiguous).

VUCA es un término creado por los alumnos del US War College para describir el contexto geopolítico tras la caída del Muro y que fue absorbido, de modo inmediato, por los gurús de liderazgo corporativo para caracterizar el entorno competitivo de esta nueva era digital, hipercapitalista y globalizada. El mundo empresarial compró la idea y con ella asumió una interpretación de la realidad desde una perspectiva militar, y como tal, destinada a describir un territorio objetivo, evaluar los riesgos y así poder desplegar las tácticas adecuadas que les permitieran lograr el control de la situación, antes de que la situación les domine a ellos.

Desde entonces, el pensamiento de negocio, el que marca las pautas de la innovación y dicta esta visión única e inapelable del futuro, ha asumido el contexto VUCA como punto de partida de todo PowerPoint estratégico digno de ese nombre. Dentro del inabarcable universo de acrónimos, VUCA es el más grande, el paraguas del que cuelgan todas las demás siglas que acaban por dictar nuestra existencia y nuestras decisiones.

Pero mientras nos llenamos de razón pretendiendo entender el mundo a través de acrónimos, no hemos sido conscientes de que la aceptación del contexto VUCA como terreno de juego empresarial llevaba asociada una renuncia radical a la idea de futuro.

Escarmentados quizás por los destrozos de las utopías o simplemente porque hemos perdido la capacidad de imaginar, pasamos de entender la empresa como promesa de progreso colectivo hacia un mejor mañana, al realismo del presente continuo del VUCA, o lo que es lo mismo, sustituimos el impulso que ofrecía la ingenua idea de cambio, para habitar ahora un espacio inmutable, intransformable e irremediable, con ”una cínica resignación, una aceptación de cómo es el mundo en realidad”: volátil, complejo, ambiguo y sobre todo incierto.

En este mundo empresarial inconsciente de su propia resignación, lo que denominamos Transformación Digital no es más que un intento de adaptación a las amenazas de ese VUCA irremediable, nunca un esfuerzo de construcción de una nueva narrativa que genere nuevos y mejores acrónimos.

La idea de futuro también se derrumbó en medio del estrépito de la caída del Muro, la batalla está ganada, la Historia finalizada y desde entonces la innovación no ha dejado de ser, en el fondo, más que un eco redundante de nostalgia.

La incertidumbre

Lo único cierto es que vivimos en lo incierto, dicen.

De los cuatro términos que enmarcan la mitología VUCA, incertidumbre” es el más significante y problemático. Al fin y al cabo, la volatilidad actual no es mayor que durante los grandes dramas del siglo XX, la complejidad emergente es la más bella propiedad de todo proceso natural y el saber movernos en la ambigüedad es una maravillosa capacidad humana que nos permite seguir compitiendo con las máquinas, al menos hasta que la computación cuántica entre en juego.

La incertidumbre es problemática porque es la consciente y poderosa fuente de poder postmoderno, es la narrativa que sustituye al futuro en el imaginario colectivo y el comodín justificante de todo tipo de excesos.

Todo vale porque las consecuencias son siempre inciertas.

No se puede hacer nada porque desconocemos las consecuencias.

La incertidumbre es un generador de impotencias, al aceptar que vivimos en un contexto de incertidumbre negamos la existencia de un referente estable contra el que responder, de modo que ninguna respuesta puede ya ser válida. Y sin respuestas no hay posiciones ni visiones ni posibilidades. Sin respuestas no existe capacidad de acción. Ni de imaginación.

El poder político y económico se esconde tras la confusión de la incertidumbre para eludir y desviar a nosotros sus responsabilidades y reducir de paso la posibilidad de imaginar un futuro más allá de los límites que marca el actual marco ideológico. La incertidumbre es, en consecuencia, una herramienta de desarticulación social y del individuo ligada directamente a la precarización y la falta de seguridad.

Pero al final, detrás de esta conformidad construida sobre esta nada incierta, que inunda el espacio de lo real en forma de post-verdad, lo sólido termina siempre por aparecer en forma de claras, tangibles y a veces crueles certezas.

Tan solo el cambio climático antropogénico, la pérdida de biodiversidad por la sobreexplotación, así como la tendencia al autoritarismo y el populismo como refugio social ante la precarización vital, son unas certezas lo suficientemente rotundas como para invalidar el discurso interesado del VUCA.

No es un mundo incierto el que habitamos, la Historia no ha acabado, nadie ha vencido. Hoy, como siempre, hay terreno sólido donde asentar nuestros principios y nuestras respuestas, un terreno sembrado de certezas.

La historia que nos contamos

Quizás la única transformación posible empieza por romper este invisible marco de lo incierto, dejar que la niebla se abra con viento crítico para que las ideas vuelvan a pisar el sólido suelo de lo cierto.

Al contrario de lo que dicta la norma, creo que para romper las dinámicas vacías del momento, el esfuerzo innovador no ha de acomodarse al VUCA, las empresas (y las personas) no han de conformarse con ser resilientes en los entornos de incertidumbre, sino que deben empezar por dibujar estrategias proactivas y militantes sobre la estructura sólida de las grandes certezas que siempre han estado ahí.

Más allá de discursos de responsabilidad y buenas intenciones, muchos estamos convencidos de que una buena y sostenible estrategia empresarial debe asegurar que la búsqueda del retorno financiero esté supeditada a un propósito de impacto positivo construido sobre certezas, ya sea la sostenibilidad económica, social y ecológica frente a los excesos, la apuesta por la democracia frente a sus amenazas populistas o la defensa de la dignidad humana como principio fundamental de coexistencia.

Aunque sea por mero tacticismo cínico y descreído, asentar la estrategia sobre una base sólida contribuye al menos a dar consistencia a la toma de decisiones, generando eficiencias y a construir una narrativa trascendente capaz de atraer y movilizar clientes y equipos.

Estamos en un momento que se mueve entre dos historias, una vieja historia que se resiste a morir y la nueva que se intuye pero que no acaba de nacer.

Es posible que esta crisis de lo incierto que se respira invisible y se manifiesta esporádicamente en brotes de protesta sin sujeto, no sea económica, política o ideológica, sino que surge de la falta de una historia común que contarnos, de una historia colectiva sobre la que imaginar mañanas.

No hay playas bajo los adoquines, tan solo más y más versiones digitales del mismo adoquín. Por eso el rol más importante que podemos asignar a los procesos de diseño e innovación es el de reivindicar la imaginación crítica e inteligente como la más poderosa herramienta de transformación.

Al fin y al cabo, ser humano es ser una historia. La calidad de nuestra sociedad, empresas e instituciones, de nuestras relaciones con el mundo depende de la calidad de las historias que nos contamos a nosotros mismos.

Los grandes retos sistémicos que aparecen amenazantes, del cambio climático a la desigualdad creciente, son consecuencias directas de relatos míticos que nos hemos contado, desde el supuesto poder que Dios otorgó a la humanidad sobre la Naturaleza, a la creencia en el interés propio como motivación suprema.

Éstas y otras muchas son las historias que dan forma a nuestra cultura y a nuestra realidad.

Si entendemos esto, que se trata tan solo de relatos arbitrarios de poder, ganaremos la capacidad de contarnos mejores historias y en consecuencia, la posibilidad de enfrentarnos y resolver colectivamente nuestros imposibles.

Descubriendo, sobre todo, que ante esta vacía y castrante historia de incertidumbres, imaginación y esperanza son sinónimos.

VVUUCCCCCA

Ya que el futuro se construye al manifestar nuestra imaginación, levantando los adoquines de este mundo falsamente incierto. ¿Por qué no asignar un nuevo significado al VUCA, asociando términos que construyan una historia alternativa a este ambiente opiáceo? ¿Qué podemos perder? Al fin y al cabo, en este mundo sin verdades toda reflexión se supone inocua.

Así que con el ingenuo ánimo con el que se empieza un nuevo año y con morriña de futuro, se me ocurre una reinterpretación, una de las muchas posibles, de nuestro familiar y siniestro VUCA en forma de unos cuantos principios de Diseño. Ahí van:

V corresponde ahora a vida, a diseñar en base a los principios de inclusividad, respeto y coexistencia dentro del sistema social y ecológico que habitamos, un Diseño Centrado en la Vida (https://medium.com/the-sentient-files/10-principles-of-life-centered-design-3c5f543414f3).

V también de vulnerabilidad, asumiendo nuestra fragilidad como punto de partida y certeza última de la condición humana, de nuestras estructuras sociales y de nuestro ecosistema.

U es de unicidad, de la necesidad de cultivar la tensión creativa entre lo único, fuente de dignidad y soberanía del ser individual y unidad, principio universal de interdependencia, que nace de saber que el individuo no existe sino como parte de un todo conectado que lo construye.

C de cultura, de comprender que la naturaleza de nuestros grandes retos es sobre todo cultural, esto es, que emerge de las prácticas, creencias e ideas que dan forma a nuestros comportamientos colectivos dentro de un sistema complejo de relaciones, de modo que el diseño, si pretende ser relevante, ha de ser sobre todo, diseño de culturas. Para ello debemos generar conciencia crítica, para poder dar luz a ese invisible marco ideológico que moldea nuestras decisiones en forma de inercias, prejuicios y de sesgos.

Conciencia que ha de estar, a su vez, guiada por la compasión, reconociendo la hostilidad del mundo y la necesidad de unir empatía y creatividad como principios fundacionales de todo proceso de Diseño.

Y finalmente, A de amabilidad, como principio esencial de acción, para que el trabajo de todas las personas que tengan capacidad de dar forma al futuro, que somos todos, compartamos un solo y simple objetivo, el de hacer un mundo más amable, un mundo que valga la pena amar.

Alberto Barreiro es diseñador, artista y profesor, su trabajo consiste en desarrollar estrategias capaces de transformar empresas en agentes de cambio positivo.

Fuente: El País